Curso de Pesca con Mosca
Temporada de Caza 2012

CRÓNICAS DE NAMIBIA

El tracker Anton me acompaña con este orix Johan posa conmigo en un termitero. Las puntas de éstos siempre apuntan hacia el norte En las rocas se encuentran extraños habitantes, como esta lagartija multicolor. Esperando alguna presa sentado frente a una aguada. Cristian me acompaña con mi ñu. A 500 mts. un orix nos detectó y se retira. Probando las armas antes de cazar

Texto y Fotos: Hernán Lapieza

<--- Hernán, Tomás, Enrique y Cristian.

Cuatro amigos cazaron una semana en ese país africano. Cada uno relata su experiencia.

Parte I . Hernán Lapieza

5/11/11. Después de 14 horas de vuelo a Johannesburg y cuatro de espera para la conexión a Windhoek llegamos a las 16 hs. y nos estaba esperando el joven Brink Grobler, quien sería uno de nuestros PH y al cual conocía de mi visita en el 2008. Cuatro horas de manejo y llegamos al pequeño pueblo de Omaruru al anochecer donde cenamos en un restaurant. Llegamos al campo tarde y nos fuimos a dormir más que cansados.

6/11/11. Como el domingo no se caza por una costumbre religiosa de los dueños del rancho, después de probar las armas para ver si no habían sufrido en el viaje, nos llevan a dar unas vueltas por el rancho y a subir a la roca de granito que le da el nombre a la zona: 110 metros de alto y seiscientos de circunferencia y en una parte una pendiente de 30 grados (o quizás un poco más en algunos trechos) que permite que nuestro otro guía Johnnie la encare con seguridad con la Toyota. Toda una aventura ¡pero mejor aun es la bajada!

7/11/11. Salimos en tándem con Enrique y bajo la guía experta de Johnnie a las siete de la mañana con el sol despuntando en el horizonte. Enrique tenía una lista de trofeos para cazar (era su primera vez en África), yo sólo quería una cebra y si me pedían que eliminara algún animal enfermo o defectuoso con gusta iba a colaborar.
No eran las diez de la mañana cuando mi acompañante ya había cazado un orix y un buen faco, ambos de un solo tiro de su SAKO 375 H&H. Como suele suceder, en resto del día no encuentra ninguna pieza. Yo tampoco.
Tomás hirió un ñu al que buscaron toda la tarde sin éxito. No está de muy buen humor.

8/11/11. La mañana la pasamos buscando una manada de ñus o algún macho de kudu. Cerca del mediodía íbamos por una senda bordeada de vegetación cuando el guía nos advierte “Una manada de cebras está corriendo paralela a nosotros y en cualquier momento van a cruzar el camino ¡preparate!”.
Encaro el fusil y veo pasar a toda carrera un adulto, seguido por dos crías y otro adulto más...y le suelto a éste los 250 grains punta redonda de mi 338 pero cometiendo el error de no adelantar lo suficiente el tiro como corresponde a un animal que se mueve al galope tendido.
“Está pegado” dice el guía cuando pasó toda la manada, perdiéndose entre los arbustos.
“Si, mal pegado” pensé yo y la perspectiva de una larga búsqueda apareció como un nubarrón en el horizonte con la siempre posibilidad de tener que pagar el trofeo herido y no encontrado. Buscamos sangre y no hallamos nada pero seguimos las huellas de la manada unos cien metros más y entonces Johnnie me susurra “Allá están, apoyate en mi hombro y tirale al segundo animal, el que renguea.” Dicho y hecho, a pesar de tener un ángulo de tiro muy malo porque el animal nos mostraba los cuartos traseros.
La cebra se cae y al acercarnos unos metros se levanta de nuevo trabajosamente. Otro disparo en el cogote le evita mayores sufrimientos.
Respiro tranquilo porque a pesar del mal debut el lance termina bien y rápido. Ya me imaginaba yo una larga búsqueda…
A la tarde salimos atrás de un kudu para Enrique pero no tenemos éxito. Al día siguiente vamos a ir a otro campo donde dicen que hay una población importante de estos antílopes. Enrique ha cambiado su postura con respecto al primer día cuando en media mañana había cazado dos trofeos y se está empezando a preocupar por cazar un buen kudu.
A la noche cenamos unas increíbles milanesas de eland: sin nervios ni grasa y sabrosas como la mejor ternera.

9/11/11. Partimos al alba a un campo distante 30 kms. A los argentinos nos llama siempre la atención la cantidad de animales de caza que se ven en las rutas de Namibia: facóqueros, steinbocks (del tamaño de una corzuela chica), orix, hembras de kudu todos los más panchos comiendo en las banquinas. Llevamos una vianda para comer en el campo y no tener que volver al rancho al mediodía.
Hacía una hora que recorríamos el campo sin ver un macho cazable de kudu cuando el guía me indica dos orix que nos miraban de frente a ciento veinte metros entre la maleza “El de la izquierda, el que tiene un cuerno torcido” Le apunto al hombro porque el pecho estaba cubierto por unos arbustos, disparo y se siente el golpazo de la bala. El animal corre hacia su derecha y salimos en su búsqueda.
Las dos horas y media siguientes resultaron fascinantes como ejemplo de rastreo de una presa herida: Johnnie y Anton el conductor nativo seguían los goteos de sangre que cada tanto desaparecían y entonces ambos se abrían en abanico buscando cualquier pista como pasto pisado o u rastro de sangre en la varilla de una mata de pasto. Diez veces perdieron totalmente el rastro y diez veces lo volvieron a encontrar. Encontramos dos encames donde el animal se había echado a descansar y en dos ocasiones lo tuvimos a quince metros viendo su silueta atrás de la vegetación para ver como se alejaba trotando sin darnos tiro. Estaba usando unas puntas Nosler Balistic Tip de 200 grains y creo que ese fue mi error. Una punta muy blanda a bastante velocidad que debe haber reventado contra el hombro del orix pero sin penetrar a los pulmones. Mi error. Decido en adelante usar las Barnes TSX de 210 grains que me aseguran una penetración excelente. No insisto más en la búsqueda porque Enrique todavía no encontró su trofeo de kudu y se nos va el día.
Una hora después nos cruzamos con un orix cuyos cuernos tenían las puntas dobladas hacia los costados y por lo tanto no servía como trofeo (gracias al ojo de los guías, porque yo no me había dado cuenta) y me da la orden de tirarle. Tiro a la carrera y fallo. El animal corre cincuenta metros y se detiene atrás de unos arbustos, apunto más tranquilo y le pego en el cuarto trasero echándolo por tierra. Un segundo tiro en el cogote y nos acercamos para la foto y cargarlo en la camioneta. Volviendo al rancho encontramos cerca de los corrales de ganado otro orix lastimado al que me piden ralear y lo volteo con un tiro perfecto a la carrera, sintiéndome algo mejor después del fiasco con la cebra. Llegamos con los dos orix en la Toyota pero sin ningún trofeo para Enrique, que se encuentra más taciturno que de costumbre. Una cena de brochette de faco y unos lomos de orix levantan en cierta medida el ánimo de la compañía.

10/11/11. Salimos temprano en busca de un eland para Enrique, ya que los kudus están esquivos. Caminamos mañana y tarde bajo un sol pesado y con temperaturas de más de 35 grados pero sin suerte. El que si tiene suerte es Cristian que consigue cazar un buen kudu de un grupo de tres que habíamos divisado desde arriba de unas rocas y le indicamos por señas hacía que lado habían ido. A la tarde Johnnie y Enrique se acercan a una manada de eland pero no les dan tiro. Volvemos muy cansados al campamento. Allí nos espera Cristian con una muy buena noticia: ha cazado un springbock excepcional. Cenamos panceta frita con curry y estofado de cordero.

11/11/11. Último día de cacería. Salgo con Cristian bajo la experta mirada de Johan, el padre de Johnnie y dueño del rancho. Enrique y Tomás van a salir cada uno con Johnnie y Brink respectivamente como guías y van a intentar cacerías separadas para aumentar sus probabilidades. A las diez de la mañana pasamos cerca de una aguada y le sugiero a Johan que nos apostemos para ver si aparece alguna presa. No acomodamos los tres sobre una roca plana a unos cuarenta metros del agua, sin ningún tipo de vegetación que nos tape. Al rato nuestro guía levanta los binoculares mirando hacia mi izquierda y nos dice por lo bajo “Quédense muy quietos que viene una manada de ñus a tomar agua”. Nos quedamos absolutamente inmóviles y vemos como tres adultos y una cría se acercan despacio a tomar agua. Cada rato nos miraban pero no nos reconocían como un peligro (teníamos el viento bien) y tomaban tranquilos. Basto que Johan bajara los binoculares de sus ojos (¿se le habrían acalambrado los brazos?) para que la cría diera un resoplido y los cuatro salieran corriendo. Pero el resto de la manada se seguía acercando y no habían visto nada raro, siendo común que los ñu salgan del agua a la carrera por lo que no huyeron. “Al que se está acercando le podés tirar” me susurra el guía. Aprovechando que justo tenía un espino que me cubría el costado izquierdo apoyo el Rossler y le acomodo el retículo en el pecho. Al disparo el animal se arrodilla, se levanta de nuevo para caer y otra vez levantarse para salir corriendo por donde había venido.
“Tirále otro” me urge Cristian. “Creo que no va a ir lejos, está bien pegado” Johan sale en su búsqueda y a los cincuenta metros de donde había recibido el disparo lo encontramos muerto en el piso. El tiro había roto el antebrazo derecho, atravesado el corazón y un pulmón para salir y perderse en el bush. Contento después de las fotos de rigor nos esforzamos para subir al animal a pulso a la camioneta que no tiene malacate. El lance me convence de la inutilidad de la ropa camuflada: los animales detectan sonidos olores y movimiento. No es la primera vez que al quedarme inmóvil los animales se acercan sin sospechar. En el campamento nos encontramos con Enrique y Tomás exultantes: ambos han conseguido sus respectivos elands. Mientras los empleados cuerean y destazan los antílopes de más de 600 kgs., festejamos con unas cervezas.
A la tarde salgo con Tomás y Brink. Buscamos un buen faco para mi amigo pero no vemos ninguno destacable. Aparecen unos orix que se quedan mirándonos a unos doscientos metros. Uno de ellos tiene cuernos de un metro o casi y Tomás , incitado por mí, se tienta pero tarda demasiado en decidirse y los bichos se meten en los arbustos.
Volvemos al campamento y Enrique nos cuenta que cazó un springbock con un tiro de carambola propio del libro Guiness. Empezamos a guardar nuestro equipaje y armas. El grupo está contento y Enrique y Cristian ya planean un próximo viaje para cazar las presas que les faltan…
A la mañana siguiente nos espera un ajetreo largo que va a terminar a las 19 hs. cuando lleguemos a Johannesburg para pasar la noche y tomar el vuelo de las nueve de la mañana para Buenos Aires.

<< Volver a Caza Relevamiento
Protagonistas

+ Notas

Náutica - Presentación

Canestrari 215 Cuddy, de Astilleros Canestrari.

La 215 Cuddy ha sido uno de los modelos que tomó la familia Canestrari para modernizarla. Y lo logró.

Pesca - Relevamiento

Goya se viste con pintas de Surubí

Viajamos hasta Goya, para relevar el estado de los pesqueros que serán protagonistas de una nueva edición de la Fiesta Nacional del Surubí.

Pesca - Relevamiento

Colombia, ¡el reino del tucunaré gigante!

Mucho habíamos escuchado sobre los grandes tucunarés de Colombia...

Pesca - Relevamiento

Monte Caseros… ¡cantos dorados!

El ilustre título de esta nota lo creó nuestro camarógrafo Darío Traffano, inspirado en la belleza del canto rodado que nos recibía en las orillas del río Uruguay,

Turismo y Aventura

Ascenso al Volcán Lanín: Contra el Viento… y la naturaleza

La cumbre del Lanín era el objetivo de una expedición largamente esperada. Pero la naturaleza impuso sus reglas y nos demostró quién manda...