Revista El Pato - Agosto 2014
Pesca Serrana

Salada de Monasterio: pesca de pejerreyes

Texto y Fotos: Wilmar Merino

Llegamos al lugar elegido, que ofrecía un clarito entre juncos de no más de 50 metros cuadrados. El primer pique fue el que estábamos esperando: Juancito clavó un peje digno del Río de la Plata, un tronquito de 45 cm. que empezó a navegar lateralmente buscando el refugio del junco.

Cerca de Buenos Aires y La Plata, este pequeño espejo se destapó con una magnífica pesca de peces, tanto en cantidad como en calidad.

En la pesca de pejerreyes, como en tantas otras, a veces hay que invertir más tiempo en “buscar el pescado” que en pacientes esperas. Y ahí es donde un guía que frecuenta la laguna marca la diferencia: él ya sabe dónde se estuvieron dando los mejores rindes y va derecho al grano. Por eso, en no más de tres horas resolvimos la pesca, aprovechando un pique frenético desde la media mañana hasta pasado el mediodía, intensidad que luego fue decreciendo notablemente y que motivó nuestra temprana salida –con la cuota hecha- buscando la sombra de la frondosa arboleda del camping.

Para llegar a esta laguna hay que transitar Ruta 2 hasta el Km. 144,5 donde, si vamos rumbo a Mar del Plata, giraremos en U como volviendo a Buenos Aires y a los 200 metros tomaremos el primer camino que sale a nuestra derecha. Cruzamos las vías del ferrocarril que van pegadas a la ruta, pasamos por el caserío de Monasterio –en rigor, dos almacenes y un puñado de casitas- y a 100 metros, donde finaliza el mismo, doblamos a la izquierda siguiendo los carteles hasta llegar a la laguna. Desde la ruta al camping son, en total, unos 7 km. El camping ofrece buena sombra y posibilidad de acampar. Hay una pequeña dotación de botes y motores en alquiler, y también una bajada para embarcaciones particulares, cuyos motores no podrán superar los 15 HP.

El día de nuestra visita, fue un típico día de otoño: mañana fresca con niebla, que luego se va calentando hasta permitirnos pescar en mangas de camisa al mediodía. Juan Bravi nos esperaba en la laguna con la lancha ya puesta en el agua al despuntar el alba.

Enseguida cargamos nuestros equipos y partimos hacia el centro del espejo, con una leve inclinación hacia la izquierda del camping. Esta vez, la ansiedad por inaugurar la temporada de pejes nos hizo concentrar en el armado de los equipos antes que en la belleza del paisaje. El guía navegó bien despacio, mientras nosotros desplegábamos las varas: Surfish Surpress de 4 m. para la pesca de tres boyas y la Colony Granada de 3,30 metros (¡Un cañón!) para paternóster. Colgamos líneas armadas con las nuevas boyas Surfish en tonos blancos, verdes flúo y naranjas, y otra vara con paternóster Surfish. Usamos reeles Vulcano y Classe 30 de Spinit, de excelente performance en esta pesca, cargados con multifilamento Power Pro de gran efectividad por su flotabilidad y ser poco "galletero".

El guía paró el motor y tomó una larga caña de bambú para empujar la embarcación. Así, empezó a transitar los últimos metros hasta un claro prometedor. Ancló sin hacer barullo y tiramos las líneas al agua. Como la idea era buscar la profundidad a la que estaban comiendo, mantuvimos brazoladas a 30 cm., otras a 70 cm. y el paternóster a 1,5 m. Encarnamos excelentes mojarritas medianas aptas para anzuelos número 3, y lanzamos a no más de 20 metros.

Los primeros piques, fueron abajo: un par de pejes de menos de 25 cm. se tentaron en el último anzuelo del paternóster y en una de las líneas de boya, con brazolada de 70 cm. Algunas capturas más de ese estilo nos motivaron a dejar el lugar y –por sugerencia del guía- buscarlo más cerca de la costa. Se repitió la maniobra anterior: hicimos unos 100 metros a motor y otro tanto moviéndonos con la caña, lentamente, mirando el agua para detectar signos de actividad. Y los encontramos.

Llegamos al lugar elegido, que ofrecía un clarito entre juncos de no más de 50 metros cuadrados. El primer pique fue el que estábamos esperando: Juancito clavó un peje digno del Río de la Plata, un tronquito de 45 cm. que empezó a navegar lateralmente buscando el refugio del junco. “No lo pierdas Juan”, le rogamos. Y con el guía y nuestra pata de pesca en ésta visita, Gustavo Miranda, terminamos abrazados y festejando el trofeo cuando estuvo arriba. Bien gordo por la buena alimentación que ofrece el espejo, el peje andaría en los 800 gramos, un señor pejerrey para una lagunita a menos de 150 kilómetros de Baires.

A media mañana, ya con el sol apretando y nosotros en camisas o remeras, volvimos a movernos hacia la costa, pescando en 50 cm de agua. Acortamos las brazoladas que teníamos demasiado largas y las dejamos en 30 cm, manteniendo el paternóster en su largo inicial de un metro cincuenta para que pesque “acostado”, una modalidad que suele dar muy buenos resultados, por ejemplo, en aguas bajas de Cochicó. Los piques fueron inmediatos y los tres integrantes de la excursión no paramos de pescar, a veces en forma frenética, con dobletes, pejerreyes de 30 a 40 cm, que lejos de espantarse con cada captura parecían activarse más y competir por el alimento. Fue una verdadera fiesta de piques, tanto en las líneas de 3 boyas como en el paternóster, que salía disparado como flecha cuando un peje tomaba el cebo.

Nos divertimos en grande, entre fotos, pejerreyes, bromas y la satisfacción de saber que la misión de llevar éstas imágenes a los amigos de El Pato ya estaba cumplida con creces. Cerca de las 13 hs., sabiendo que habíamos comprobado las bondades del espejo y cuando el pique ya comenzaba a disminuir, decidimos no seguir pescando: teníamos unos 40 ejemplares entre tres y devolvimos otros tantos a su medio, todos de buen tamaño y con daño mínimo.

Como consideración final, cabe consignar que lagunas chicas como ésta suelen ir a contramano de la lógica: en tiempos cálidos rinden muy bien (de hecho, se hizo pesca de pejerreyes durante todo el verano), pero sus pequeñas dimensiones (500 hectáreas de cubeta original) hacen que las heladas las afecten profundamente en su rendimiento. Por eso conviene pescarlas de marzo a mayo para ir con mayores chances de éxito.

Salada de Monasterio tiene pejerreyes, en cantidad y calidad. A un paso de los grandes centros urbanos como Buenos Aires y La Plata, y muy cerquita de Chascomús y Lezama, ésta lagunita atesora una pesca que a veces no encontramos en otros destinos más distantes. Siguiendo algunas claves ya descriptas, solo resta ir a disfrutar de una pesca atractiva con la especie que más argentinos atrae: el pejerrey.

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+ info

LAGUNA SALADA DE MONASTERIO: TE 02241-15507645, Sr. Cacho Trabacio. Cuenta con 15 botes en alquiler y algunos motores, pero no se hacen reservas telefónicas y se alquilan por orden de llegada. Se admiten embarcaciones propias con motores de no más de 15 HP. La cuota de pejerreyes a extraer por día es de 25 ejemplares por pescador, de 25 cm. en adelante. La entrada al predio cuesta $20 y se permite acampar. También hay una casita para 4 personas en alquiler.
GUÍA DE PESCA: Juan Bravi cuenta con embarcación propia y provee carnadas (mojarra viva). Es un gran conocedor del ámbito y gran profesional, de sencillez campechana y grata compañía. Su Tel: es el 02241-490514 y 02241-15445639 Radio 570*476. Combinar encuentros en la laguna o partir en su camioneta desde Samborombón.
CARNADAS El 92: Km. 92 de la Ruta 2, 1000 metros pasando el peaje de Samborombón. Excelentes mojarras clasificadas por tamaño, venta de líneas y artículos de pesca.

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